
Quizás sea añoranzas de la edad, quizás, cansacio relativo de lo digital, pero la verdad es que cada vez hecho de menos los originales físicos, el papel, el lápiz, los pinceles y la tela.
En éste mundo de prisas y virtualidad en todo lo que antes era tangible, se añora ese proceso de pensasr las cosas, de reposar las ideas y de sentir el trazo rasgar el papel.
No estoy en contra del mundo digital, todo lo contrario, es mi día día con el que me muevo, abre nuevas perspectivas de posibilidades gráficas y de experimentación, pero ese cristal de la pantall parece que me impida sentir la rugosidad del papel, de que el trabajo relaizado tenga menos valor aunqqe intelectual y creativamente tenga el mismo.
Creo que es el momento de volver a las raíces de lo orgánico de lo básico, sin abandonar la tecnolgía, pero al final lo que tiene importancia es esa línea en el espacio con la intensidad del trazo dado or al mano, real que hiere el papel o la mancha de color con las variaciones que produce su propio medio, no la manipulación digital, esa frescura de lo material.
Tal vez la eneración que ha crecido con las herramientas digitales no noten la diferencia y sus valores esten en otros factores y yo no los sepa ver, quizás.